“La vida desde un andamio se ve más luminosa”

JOSE CALLAO: Obrero de construcción civil. Poeta y cantante

Nací en Chiclayo hace 57 años. De niño amaba cantar y rectar. Mi padre era un industrial que lo perdió todo y tuve que salir a trabajar a los diez años. A los 14 llegué a Lima. Tenía 21 cuando un amigo me llevó a una obra de construcción civil y desde entonces trabajo como operario carpintero, pero nunca dejé ni la poesía ni el canto. Acabo de presentar mi poemario Desde el andamio, auspiciado por la Federación de Trabajadores en Construcción Civil del Perú.

El 14 de junio, ante una masiva concurrencia de trabajadores de los sindicatos de Lima, Balnearios del Sur, Callao, Norte Chico y Sur Chico, la FTCCP presentó el libro de poesía “Desde el Andamio”, escrito por el obrero de la construcción, José Callao. 

La presentación de esta obra tiene un gran significado para los trabajadores del andamio porque pone en manifiesto que el trabajo rudo de la construcción no limita la creatividad intelectual del obrero. Este acontecimiento cultural ha sido apreciado más allá del mundo laboral, así la destacada periodista Maritza Espinoza, del Diario La República ha publicado una sensible entrevista al Poeta y cantante José Callao, que damos a conocer. 

Por Maritza Espinoza, Diario La República

- Ser obrero de construcción civil y poeta parecería contrapuesto…

Sí pues, pero yo toda la vida he escrito y, además, toda la vida he cantado. Pecaba de querer ser original, en el sentido de que llegaba el Día de la Madre y quería recitar una poesía a mi madre, pero quería que sea una mía. Si me pides como referente a algún escritor o algún poeta, no lo tengo: yo escribo porque me nace.

¿De niño esperabas ser escritor?

No, a mí me gustaba y me gusta cantar. Creo que no lo hago mal, pero escribía mis propias canciones. Y aleatoriamente, por ahí, escribía poemas. Y si me enamoraba, lógicamente hacía una canción de amor. En realidad, dos: una cuando la conocía y otra cuando la perdía (risas).

¿Cuántas de esas hubo? (Risas)

¡Uy, ya, como cien!

¿Y cómo terminas siendo obrero de construcción civil?

Ah, eso fue el año 81. Yo he trabajado desde pequeño. Mi padre lo perdió todo y tuve que salir a trabajar. No terminé ni la primaria. Ya acá en Lima terminé la primaria en nocturna. He vendido alfajores en las calles, he vendido periódicos, he trabajado en cerrajería. Era soldador, pero lo dejé porque la soldadora me hacía daño a la vista. Uy, he superado muchas cosas.

¿Y cómo llegas a esto?

Lo que pasa es que un amigo me debía. Fuimos a hacer un cachuelo y a él no le pagaron y lógicamente él no me pagó a mí. Pero él se sentía en deuda conmigo y, cuando le salió un trabajo, me tocó la puerta y me dijo: Hermano, como no te puedo pagar, te ofrezco una chamba. Era en construcción civil y ya me quedé.

¿Y qué trabajo hacías?

Yo puedo ser operario o carpintero, pero si no hay trabajo, me dicen: ¿Sabes qué, compadre? No hay para carpintería, pero necesito peones para hacer zanja. Y si la necesidad apremia, hay que hacer zanja.

Pero tú eres sindicalizado, ¿no?

Sí, soy organizado desde mi primera obra. Yo entré en el año 81 y en el 84 ya era secretario general del Sindicato del Callao. A ver, yo entré, como te digo, en esa obra y realmente como trabajador daba pena…

¿Por qué?

Yo soy súper delgado y entonces mucho más. Te juro que mi primer día me mandaron a hacer zanja y nunca había agarrado una lampa en mi vida. Al mediodía me fui como una lagartija, no podía ni pararme.

Claro, el trabajo de construcción civil es el más rudo…

Sí. Desde que tengo uso de razón, los he visto y a ese trabajo le tenía como una repulsa: Decía: ¡Cómo trabaja esa gente! Ahora uno trabaja uniformado, pero antes se hacía un gorro de papel, en zapatillas, otros sin zapatos con el torso descubierto.

¿Para ti fue una frustración tener que hacer ese trabajo?

Sí, pues. ¡Pucha que agarrar esas herramientas era tremendo! Creo que el pico pesaba más que yo (risas), pero ahí estamos. Lo que pasó es que el maestro se compadeció y me dijo: Mira, ándate al banco (el taller donde se abastece al trabajo de campo) y apoya en hacer paneles… Y carpintería sí me gusta. Al poco tiempo ya era prácticamente dueño del taller y el maestro vio que estaba prosperando y me ascendió a oficial.

¿Y qué dicen tus compañeros de tu gusto por la poesía?

Pocos. Saben que canto, porque siempre paro cantando. Hasta un poco que presumo de eso, pero de la poesía no hablo mucho. Cantando sí me dicen: ¿Qué haces acá en construcción? Deberías dedicarte a eso. Estás quitándonos un puesto de trabajo (risas)

¿Por qué no te has dedicado más profesionalmente?

Soy súper nervioso, tengo pánico escénico y soy muy desorejado. Con mis pistas puedo cantar, porque las conozco y ensayo, pero no puedo cantar cualquier canción.

¿Te gustaría hacer un disco?

Estamos en eso. La federación quiere que el coro grabe un cedé y se distribuya a nivel nacional e internacional. Quiere que se vea esa imagen de que nosotros no estamos dentro de la violencia ni de la extorsión ni de las cosas negativas con que nos han estigmatizado…

¿Cómo se ve la vida desde un andamio?

¿La vida desde un andamio? ¡Ah, más luminosa! Sí. Es como subirse a un mirador. De repente ves las cosas más pequeñas, pero puedes ver más allá. Y lo puedes ver todo más grande.